domingo, 24 de junio de 2012

Cuando la vida se reduce a una irrisoria broma


“Ya hoy la historia no es más que la estrecha hebra de lo recordado sobre el océano de lo olvidado". Palabras estas de Ludvik, hombre a quien la inexorable marcha del tiempo y el omnipresente cambio en la vida hacen que sus pasiones, su ideología, sus miedos, la ignominia, la venganza, e incluso el único amor de su vida, se transformen en una irrisoria broma.

La broma que concibió el ingenio del escritor checoslovaco Milan Kundera, y que nos legó, en 1967, a través de su primera novela –homónima-, una historia en boca de cuatro personajes que, por medio del lenguaje de la experiencia en los predios de la imaginación, que el escritor viste con el traje de las palabras, nos hace sentir las peripecias de un hombre, Ludvik, que se encadena al pasado tenazmente. Cadena cuyo primer eslabón es una irrisoria broma, al que se aunarán los eslabones de la venganza, del amargo amor asolado, del deseo insatisfecho, de la vida que no fue, de la traición, y demás sucesos aciagos que, unos tras otros, sumirán en la ciénaga del no-olvido al hombre cuya existencia se reduce a ese primer eslabón: una irrisoria broma.
Enmarcada en tierras de hombres subordinados a los preceptos del partido estalinista, La broma “refleja la opresión de un mundo muy cerrado, en el que todo el mundo está obligado a pensar igual y además demostrarlo”, según expresa el Dr. Enrique Neira Fernández, del Observatorio de Política Internacional de la Universidad de Los Andes.
Todo comienza con el regreso de Ludvik a su tierra natal, lo que ocurre quince años después de haber sido expulsado del partido comunista y despojado de su proyecto de vida. Las reminiscencias de Ludvik nos relatan cómo, tras quedar moralmente desnudo, es reclutado y obligado a permanecer con los enemigos de sus propios ideales, sólo por escribirle a su novia, Marketa, en una postal idílica: “el optimismo es el opio del pueblo”; quizá Ludvik no tuvo presente, al escribirle a su enamorada, que sus ideales socialistas no toleraban la privacidad. Puede que la causa de la expulsión de este adán del paraíso del socialismo, parezca una bagatela; no obstante, esta broma de Kundera es un grito que yace en las páginas de un libro, está allí, a la espera de generar en nuestros buenos sesos la reflexión, la pregunta: ¿hacia dónde nos conducen los radicalismos?
Ludvik logra condensar, en el cuerpo del hombre que presidió la ceremonia política en la que fue echado de las filas socialistas -Pavel Zemanek-, toda la traición de la que fue víctima; le dio un cuerpo y un alma concretos a su victimario. La vida le pondrá en su camino a la desdichada Helena, la esposa de su enemigo, mujer infelizmente casada, vacía, que se enamora perdidamente de la víctima del partido, y que caerá, seducida por la astuta venganza disfrazada de pasión, en la broma en la que se sume todo personaje que tiene nexos con Ludvik.
Es una vida que se metamorfosea en broma: la amistad que reniega de sí misma, ¿por miedo?, cuyo relato conocemos de palabras de Jaroslav, el mejor amigo de Ludbik. El amor de la vida que no se entrega y huye, representado en Lucie, la joven obrera enigmática, la amada de Ludvik, quien amará, en detrimento de los sentimientos de nuestro bromista, a Kostka, “el extravagante, a quien yo nunca tomé en serio más que a medias, y que significaba más para ella”. Un intento de suicidio que se convierte en un dolor de estómago, una venganza que se transforma en un alivio para el enemigo. ¿Bromas? Aquí, la individualidad se burla de la colectividad puritana; es el escarnio que pudre a un hombre y va contaminando a los demás: la broma. Una broma a ese empecinado afán de ser “o blancos o negros”, ese comportamiento de caricaturas, ese acérrimo deseo de acentuar sólo algunos aspectos y odiar y sepultar lo diferente.
La broma es una obra que ha trascendido y, hoy por hoy, está vigente. Ya Kundera advirtió que sólo “es una novela de amor”; es cierto, es amor por la vida, por la Humanidad, amor que trasciende toda ideología, toda historia, todo momento. Para hablar de un amor de este tipo, es menester considerar todos los aspectos del ser amado, sus virtudes y defectos: los modos de vida de las sociedades, sus aspiraciones, el poder, la injusticia, la amistad… En fin, todo lo que nos hace ser hombres y, más allá, Humanidad.

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